Indignaos

“Indignaos”, el libro de Stèphanel Hessel, es un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica. Un discurso corto pero contundente, con referencias a la situación en Palestina, la pérdida del estado del bienestar, la privatización de bancos, la pérdida que eso supone respecto a conquistas sociales, el recorte en otros servicios públicos importantes… Es sobre todo, un alegato a favor de la indignación como paso previo a proteger las conquistas sociales sin dejar de comprometernos. En versión española tenemos “Reacciona”

Hay otros libros que buscan despertar la conciencia y sacarnos del aletargamiento al que nos induce nuestra sociedad. Por ejemplo “No Logo” de Naomi Klein, nos habla sobre el poder de las marcas, da unas pistas fundamentales para entender la nueva economía y su voracidad. “En defensa de la intolerancia” de Slavoj Zizek, critica el liberalismo tolerante, como medio para rechazar la despolitización de la economía. Una rareza que tiene algunos años “La formación de la mentalidad sumisa” de Vicente Romano, nos pone en guardia y nos ofrece una guía que responde una pregunta inquietante ¿cómo se doblegan mentes y voluntades?

En definitiva, lecturas estimulantes para sacudir conciencias y que no sigan acumulando polvo. Me viene a la mente un libro “Palabras que cambiaron el mundo. Cincuenta discursos que han hecho Historia”. Las palabras de aquellos que sacaron de la indiferencia a multitudes y canalizaron un clamor: Martin Luther King, Malcom X, Gandhi, Churchil, Golda Meir, Indira Gandhi, Moisés, Jesús, Mahoma, Hitler, Stalin, Kennedy, la Madre Teresa, Mandela… Sus palabras son muy peligrosas, como no. Pero las palabras mediocres de los discursos actuales, que nos adocenan, que nos duermen, que consiguen que miremos con un bostezo a otro lado, dándoles un poder que no nos sería arrancado de ninguna otra forma más que por aburrimiento, nos llevan a auténticas charcas de motivación. Hoy el mejor discurso se da la mano con la manipulación, y con sofisticación y bonitos colores nos llaman borregos si no cambiamos de compañía de seguros.

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